13 de octubre de 2011

REMEMBRANZAS


 
A 44 años de su muerte
El Che inmortalizó su nombre y marcó el fin del “foquismo”
“Che” Guevara \\\ en un momento de descanso, en el sudeste del país,
cuyo figura simboliza la teoría del “foquismo guerrilerro” en el mundo.
El 8 de octubre de 1967: Bolivia del siglo XXI recuerda poco del famoso comandante guerrillero que fue herido en El Yuro; cayó prisionero y fue asesinado por orden del gobierno del extinto Gral. René Barrientos Ortuño.

Según José Nogales N.: “La descarga de proyectiles del fusil automático impactó en la pantorrilla derecha del Che, 10 centímetros arriba del tobillo, perforó la boina que llevaba puesta y un tercero, malogró su carabina M-2, a la altura de la recámara, obligándolo a retroceder al interior de la quebrada, mientras su grupo se dispersaba”. Simón Cuba, guerrillero boliviano que cayó prisionero junto al Che ante un intento de maltrato a su jefe por el cabo Balboa, acompañado por los soldados Encinas y Choque, gritó con firmeza: “Carajo, este es el comandante Guevara y lo van a respetar”. José Nogales, anota que la valentía y respeto por su jefe, sorprendió a los soldados y hasta se ha referido después que Balboa, dijo: “Tome asiento, señor”. Al sobreponerse de la actitud inesperada del rebelde, procedieron a despojarlos de sus armas, el fusil de Willy y el el M-2 averiado del Che, su pistola y una daga Solinger.

El hecho fue comunicado al capitán Gary Prado –dice José Nogales–, quien elogió después la valentía y coraje de Huanca y sus hombres, señalando que capturaron a dos guerrilleros. Se trasladó con prontitud hasta el sitio referido, acompañado de su estafeta, donde tuvo el encuentro con el principal de la guerrilla: Prado. ¿Quién es usted?, pregunté el más alto, pese a que tenía casi el convencimiento de su identidad.

Che. “Soy el Che Guevara”, me respondió en voz baja. Aparenté, dijo Prado, no darle importancia y me dirigí al otro. Me destrozaron el arma, dijo de pronto Guevara. Prado: “Puede ver, entonces, que su carabina tenía el cañón perforado por un impacto”. ¿Cuándo fue eso?, pregunté. Che: Aquí bajo, cuando su ametralladora comenzó a disparar. Además, estoy herido. Supongo que no me irán a matar ahora. Valgo más para ustedes vivo que muerto. Nosotros siempre hemos curado a los prisioneros heridos. Prado: La vamos a curar, ¿dónde está su herida? –pregunté. “Me mostró su pierna derecha, subiendo el pantalón. En la pantorrilla tenía una entrada de proyectil, sin salida. Sangraba muy poco y no parecía tocarle el hueso. ¿Puede usted caminar?, pregunté al Che. Che: Tengo que hacerlo, respondió apoyándose en Willy.

“En esos pocos metros, mientras nos dirigíamos al puesto de Comando, un solo pensamiento llenaba mi mente. Menos mal, esto se acabó, ahora podremos regresar a casa. Era realmente un alivio ver con qué facilitad había caído el legendario jefe guerrillero. Tenía en ese momento la absoluta seguridad de que la guerrilla estaba acabada, que la captura del Che liquidaba toda posibilidad; la insurgencia se había mantenido nada más que por la autoridad y personalidad de quien era ahora mi prisionero”. Che: No se preocupe capitán, esto ya se acabó. Prado: Para usted sí, pero quedan por ahí todavía algunos buenos comandantes y no quiero correr riesgos, le respondí. - Es inútil… hemos fracasado, dijo el Che. - Prado: Yo tengo algo que pedirle. Me interesa conocer de primera mano, el porqué de esta acción suya tan disparatada, tan sin sentido… - Che: Desde su punto de vista, tal vez… - Prado: No, creo que desde todo punto de vista. Tengo la impresión que se equivocó desde el principio, al elegir a Bolivia para su aventura.- Che: La Revolución no es una aventura. ¿Acaso no se inició en Bolivia, la guerra de la independencia sudamericana? ¿No están ustedes orgullosos de haber sido los primeros? - Prado: Sí, pero, fuimos los últimos en lograrlo.

Su actuación aquí, por lo que hemos visto, hasta ahora, va contra todas las normas de la guerra de guerrillas que preconizan Mao, usted, todos los maestros”. - Che: Tal vez fue un error elegir a Bolivia, no sé, en última instancia, la decisión no fue totalmente mía, otros compañeros también participaron. - Prado: Fidel, supongo. - Che: Otros compañeros y otros niveles. Los más entusiastas eran los bolivianos. - Prado: y después pocos fueron los que vinieron, pero, ¿le parece que sí, a tiros, vamos resolver los problemas? Yo tengo como resultado de este encuentro cuatro muertos y cuatro heridos, a quienes aprendí a querer y respetar en este tiempo que llevamos juntos. Le pregunto: ¿Qué voy a decir a sus padres, cuando hable de ellos, por qué murieron? - Che: Por la Patria… en cumplimiento del deber. - Prado: eso es lírico, y usted lo sabe, por eso lo dice en ese tono. Deme una respuesta realista. - Che: Su formación no le permitiría entenderla. - Prado: Creo que ahí está equivocado, no sé si ha entendido bien, lo que ha sucedido en este país. ¿Acaso no sabe que los bolivianos ya tuvimos nuestra revolución? - Che: Claro que sí.

Yo estuve en Bolivia poco después. - Prado: Lo que no sabe, por ejemplo, es que yo he sido formado en el Colegio Militar después de la Revolución, con otra mentalidad, con más sentido de pueblo y de Patria. Nuestro Ejército es parte del pueblo. - Che: Pero lo oprime. - Prado: Le parecen oprimidos estos campesinos que con tanta indiferencia los han visto hoy y que más bien tratan con cariño a mis soldados? Ahora mismo están cocinando para ellos. - Che: Su ignorancia, el atraso en que los mantienen, no les permite entender lo que está sucediendo en el continente… su liberación está en camino. - Prado: Mire comandante, mi familia es de acá, de esta región, de Vallegrande, yo me he criado en estos valles, en estas montañas, tenía que caminar dos leguas de Guadalupe a Vallegrande para ir a la escuela, junto con los hijos de los campesinos (…). - Che: Tiene que darse cuenta que estamos todos los latinoamericanos en una lucha que es continental, donde hay y habrá muchas muertes, que costará mucha sangre, pero la guerra contra el imperialismo ya no puede ser detenida. Tiene sus vértices acá en Bolivia, en Colombia, en Venezuela y Centroamérica y ustedes los militares tienen también.

Adiós al “foquismo guerrillero”

“Esta es la última vez que veo la caída del sol” había dicho el Che a su compañero que le prestaba ayuda en su andar cansino, la tarde anterior a su asesinato, cuando maniatado era parte de la procesión lúgubre que seguía el camino a La Higuera, junto a heridos y muertos de su último combate en El Yuro; los cadáveres trasladaban en bestias de carga (José Nogales N.: 2010: 255)
Su hora había llegado. “A la una de la tarde, el suboficial Mario Terán, de estatura baja (1,60 ms), portando una M-2, prestada por el suboficial Carlos Pérez entró al cuartito de la escuela, donde estaba el Che, con las manos atadas y la espalda a la pared. En el espacio vecino, precariamente dividido, Huanca acribillaba a los otros dos prisioneros”.
“Cuando llegué al aula – relató Terán a Antonio Arguedas– el Che estaba sentado en un banco. Al verme dijo: -Usted viene a matarme. -Yo me sentí cohibido y bajé la cabeza sin responder: Entonces me preguntó: -¿Qué le han dicho los otros? -Le respondí que no habían dicho nada, y él comentó:
-¡Eran unos valientes! Yo no me atrevería a disparar. En ese momento vi al Che grande, muy grande, enorme. Sus ojos brillaban intensamente. Sentí que se me echaba encima y, cuando me miró fijamente, me dio un mareo. Pensé que, con un movimiento rápido, el Che podría quitarme el arma.
- Póngase sereno – me dijo--. ¡Apunte bien! ¡Va usted a matar un hombre! - Entonces di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y dispare la primera ráfaga. El Che, con las piernas destrozadas, cayó al suelo, se contorsionó y comenzó a regar muchísima sangre”. Eran las 13:10. - “Yo recobré el ánimo y disparé la segunda ráfaga, que le alcanzó en su brazo, en el hombro y el corazón. Ya estaba muerto”. (Idem:1010: 270)
La muerte del Che marcó el nacimiento de una leyenda llena de dogmas y herejías; marcó el éxito editorial que recorrió el mundo, pero también, el fin de una época de ideales y sueños del “foquismo guerrillero” en América Latina.

Exhibición \\\ así se mostró el cuerpo del comandante “Che”
Guevara, después de su asesinato en La Higuera.
 

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