29 de octubre de 2011

TEMA CENTRAL



Los discordes en concordia se juntaron en diálogo para defender el TIPNIS de todos
EL TUNARI destacó al periodista Nelson Peredo Cuentas para la cobertura de la llegada de la macha de los indígenas de TIPNIS en vísperas de su arribo a La Paz, sede de gobierno. Fue al encuentro en La Cumbre y apenas logró acompañar a los marchistas aproximadamente unos 40 kilómetros, y quedó impresionado por la fortaleza física y el creciente compromiso social de los indígenas. En el presente número, ofrecemos el INFORME ESPECIAL preparado por Nelson Peredo y el equipo de EL TUNARI. 




CRÓNICA DE UNA LLEGADA ANUNCIADA
Desde hace más de dos meses, cientos de indígenas del oriente boliviano, el Chaco y Amazonia, recorrieron 600 kilómetros desde Beni hasta la plaza Murillo, sede de gobierno. Desde la aprobación de la plataforma de demandas de la “VIII Gran Marcha Indígena por la Defensa del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro - Sécure (TIPNIS), por los Territorios, la Vida, Dignidad y los Derechos de los Pueblos del Oriente, Chaco y Amazonia boliviana”, un documento poco conocido, una multitud recibió a los marchistas.

Con varias bajas, los marchistas por fin descansaron en los albergues preparados por la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y la Alcaldía Municipal de La Paz. Los marchistas llegaron hasta la zona denominada La Cumbre, a 4.600 msnm, cerca de las 15:00 del martes 18 de octubre, la parte más complicada por la falta de aire, la inclinación del suelo y el frío. “Cada día caminamos como 30 kilómetros, pero esta parte tan cortita nos está costando un solo día” manifestó Esteban García, de las juventudes de la CIDOB, en referencia a los 9 kilómetros de subida a La Cumbre. No sólo era el frío y la altura lo que mellaba a los marchistas, sino, el cansancio por los 600 kilómetros recorridos.

Algunos usaron hasta tres pares distintos de zapatillas, por el desgaste de la plantilla. “Gracias a Dios nos regalaron un par de tenis en Caranavi, porque ya estaba sintiendo las piedras, como si caminara descalzo” aseveró Esteban, que no dejaba de tocar su tamborito ni para la entrevista. A medio camino, entre Unduavi y La Cumbre, se acercó una camioneta con policías.

La multitud abucheó y no permitió que se quedara, a pesar de que venían “a proteger a los marchistas”. “Ya no les creemos nada” dijo Daniel, hermano de Esteban, que vivió en carne propia la “protección” de los policías en Yucumo.

ATENCIÓN MÉDICA
Para la llegada a La Cumbre, varias ambulancias de diferentes hospitales, habían improvisado algunos puestos de salud, con oxígeno y otras medidas. En ese corto trayecto, dejaron la marcha varias mujeres, niños y personas mayores.

Doña María Mayana, de 67 años, tuvo que dejar a sus compañeros de lucha, porque le dolía la cabeza, no sólo por la altura, sino por la herida que le dejó un policía con un garrote, en Yucumo, de aproximadamente cinco centímetros. Esta combinación, la dejó fuera de lucha. “Los esperaré en la plaza San Francisco, dicen que ahí hay un albergue”, dijo a manera de consuelo, pues no quería dejar a sus compañeros en los últimos 22 kilómetros de caminata.

La llegada a La Cumbre fue todo un acontecimiento, a pesar que no se lo tomó mucho en cuenta. No se observó muchos medios de comunicación. Varios se pusieron a llorar, entre los marchistas, porque lo peor había pasado. César Camacho, un joven valiente de muchas caminatas, se tiró al suelo y fue recogido en una camioneta de la Alcaldía paceña. “Nunca me gustó la altura” bromeó.

ÚLTIMO RECORRIDO
Ya en la tranca de Urujara, a 13 kilómetros de la meta final, el panorama era menos desolador. Los esperaba un campamento con colchones, carpas, puestos de salud, varios médicos, muchos voluntarios, comida y refresco. “Nunca nos faltó comida y refresco, la gente es muy buena con nosotros” agregó Camacho.

Una generadora de energía eléctrica portátil que daba luz a todo el campamento trabajó casi toda la noche. A pesar de que la generadora llegó al mismo tiempo que las ministras Nardi Suxo, de Transparencia; Nilda Copa, de Justicia y Nemesia Achacollo, de Desarrollo Rural, y el viceministro César Navarro, de Coordinación con los Movimientos Sociales, éstos no pudieron quedarse, pues los marchistas los echaron a gritos. “Ahora quieren dialogar, no queremos nada con ellos, no queremos policías ni ministros ni nada” dijo una dirigente.

A estas alturas, ningún intento oficialista daría resultado. La memoria del 25 de septiembre estaba viva. En el descanso, llegaron desde la ciudad de La Paz varios voluntarios, incluso de diferentes países. Algunos, como Niel Broksfeirt, acompañaron la marcha desde Caranavi, pues sentían que “la lucha por la naturaleza es aquí y en todos los países.

Cada vez que se vulnera un bosque, el mundo tiene menos tiempo de vida y no podemos quedarnos mirando de otros países, cuando aquí a los indígenas se está matando en la marcha”. Caminó los 200 kilómetros entre los Yungas paceños y la sede de gobierno, a pesar de que su objetivo al llegar a Bolivia, era de conocer la riqueza natural de Bolivia.

“Llegué para conocer el Parque Madidi; pero no, si sigue esto así, ya no podré visitar ningún parque, porque desaparecerá”, manifestó. Para los marchistas, mientras más se sumen, mejor. Faltaba poco ya para terminar con esta histórica marcha, pero no se imaginaban el recibimiento que tendrían en la hoyada paceña

REANUDACIÓN DE LA MARCHA
Cerca de las 09:00 horas, la marcha reanudó. Las primeras personas que recibieron la marcha, en kalajahuira, los aplaudieron y les regalaron pan, pilfrut y una banderita con  el rótulo “TIPNIS somos todos, bienvenidos a La Paz”. De ahí, en adelante la recepción fue cada vez numerosa. A medida que se llegaba a Chuquiaguillo, varios estudiantes de escuelas y colegios  dejaron sus aulas y salieron a recibir a los marchistas.

Incluso las bandas de guerra, que sólo salen en desfiles  cívicos, hicieron gala de sus mejores  tonadas para beneplácito de los indígenas Varios de ellos soltaron lágrimas al ver el apoyo que habían  logrado. No era para menos, después  de tanto suplicio. La llegada a Villa  Fátima no fue menos. Sindicatos de  las principales empresas, como Monopol   la Empresa de Agua y Saneamiento, COTEL, Sindicato de Trabajadores de la UMSA, estudiantes de  varias facultades, con carteles de apoyo, abarrotaron la avenida Busch, con letreros, ropa y mucha comida.

“Me voy a llevar esta ropita, si no me entra le doy a uno de mis hijos” dijo Carlos, un indígena que tenía varias bolsas de ropa y comida, y no pensaba desperdiciarlo. Otro marchista, con el humor despejado, dijo en voz alta: “Sólo nos traen agua o jugo, ¿por qué nadie nos trae una cerveza bien fría o un singanito?”.
La llegada a la plaza Murillo y San Francisco fue histórica. Nadie, desde que comenzó el gobierno de Morales, había realizado una protesta de ese tamaño en plena plaza Murillo, y peor en la histórica San Francisco. La marcha, que tenía alrededor de 3 mil miembros en La Cumbre, entre marchistas, extranjeros, activistas, curiosos y periodistas, se multiplicó por 10, a medida que avanzaba por el centro paceño.

Para la plaza Murillo, ya se calculaba unas 15.000 personas en la marcha. Para la plaza San Francisco, unas 25.000. La emoción llegó al extremo de que los empleados de empresas públicas y estatales, como bancos y telefónicas, salieron a las calles a recibir a los marchistas, algunos con lágrimas. Las oficinas de la Vicepresidencia y de Palacio Quemado, estaban cerradas, pero se observó al personal en las calles, camufladas con lentes negros y gorras.

El exvicepresidente Víctor Hugo Cárdenas recibió con aplausos a los indígenas, y los felicitó por la hazaña. “héroes, héroes”, gritaba la gente. “No están solos, estamos con ustedes” coreaban profesoras de distintos colegios. “Ni soya ni coca, el TIPNIS no se toca”, era el estribillo más popular. Ya en la plaza San Francisco, varios marchistas que habían dejado a sus compañeros en La Cumbre, abrazaron a sus hermanos.

Esteban, se encontró con su compañero que le dijo “por fin llegamos, ya hemos llegado ¡carajo!, pero todavía hay fuerza ¿o no tigre?”, a lo que el joven marchista respondió con firmeza: “No pasa nada, ahora tenemos que volver igualito a pie por el mismo camino”. 





JOSÉ CHAO
Nunca imaginé que la gente nos esperara así, tanta gente. Espero que esto de una señal al gobierno, que el gobierno no imponga criterios, que dialogue. Por eso vinimos desde tan lejos, para dialogar.




ALVARO GARCÍA LINERA
Los escenarios de diálogo están abiertos. Los hermanos indígenas deben dejar la intolerancia y sentarse a dialogar, esta es la enésima vez que hacemos un llamado al diálogo. Los esperamos en palacio.




JORGE PORCEL
Los universitarios apoyamos esta demanda legítima de las comunidades indígenas. El gobierno no puede afectar con proyectos que favorecen a las transnacionales, la naturaleza. Vamos a apoyar hasta el final.




VÍCTOR HUGO CÁRDENAS
El pueblo se ha manifestado de manera contundente contra este gobierno, tanto en la defensa del TIPNIS, como en las elecciones judiciales, dos derrotas que el gobierno no podrá fácilmente remontar. 


CELSO PADILLA
Espero que esta señal que dan los pueblos indígenas sea la definitiva para resolver nuestros problemas históricos. No metamos temas políticos en esta marcha que es social. Si se meten otros, es su problema.





Las víctimas relatan su experiencia
Represión policial: no podrán olvidar nunca
Nelson Peredo Cuentas


“Nunca voy a olvidar lo que hicieron los policías ese día. Ellos ya sabían lo que tenían que hacer, ya lo planificaron. Ya cuando estábamos con el Canciller, un jefe de la Policía estaba hablando con los cabos y sargentos, señalando a algunas personas, mostrándoles fotos. Toditos ya sabían lo que tenían que hacer. Ya no confío en ellos”.

Este relato, de doña María Mayana, de 67 años, revela la desgarradora realidad de la intervención policial del 25 de septiembre. Horas antes de la intervención de los policías, los marchistas descansaban cerca de la población. Doña Silvia Flores, de 24 años, oriunda del departamento de Pando, esperaba su turno para recibir agua de una fuente cercana. “La cosa era bien fea, no queríamos acercarnos porque podría haber enfrentamientos, los pobladores estaban bloqueando, y con maquinaria municipal abrieron una zanja, igual que en Porvenir”. Por otro lado, el gobierno estaba organizando contramarchas, con el objetivo de enfrentar a los marchistas indígenas, aseveró.

RECUERDOS DE LA REPRESIÓN POLICIAL.
“Yo estaba colocando un balde de agua en mi carpa, pero cuando me di vuelta ya vi algunos forcejeos. No le di mucha atención porque cada rato había algo así. Luego ya soltaron el gas y dije que esto se ponía feo” contó doña María Saravia, otra dirigente de la CIPOAP – Confederación Indígenas de Pando – que luego de sentir el ardor en su nariz y boca, corrió donde estaban los niños. “Había hartos niños cerca, entonces corrí para alejarlos, porque estaban jugando y no se daban cuenta, al rato comenzaron a llorar. Les gritaba a los policías que había niños cerca, que no sean torpes, pero no me hacían caso.

Luego uno de ellos me miró y junto con dos más vino hacia mí; yo me paré y me fui corriendo. Me agarraron y me querían amarrar las manos, entonces yo no me dejaba y ahí me botaron hacia las alambradas. Me caí a un pozo, luego me entré al monte para escapar, me acuerdo que corría sin rumbo, no sabía dónde ir. Esperé una hora para volver a buscar a mis compañeros pero ya se los habían llevado. No sabía qué estaba pasando, entonces vi a uno de mis hermanos que me llevó a la casa de un poblador, donde nos refugiamos los que habíamos escapado. Ahí, me enteré que se los habían llevado hasta Beni los malditos, y que a mis compañeros y compañeras les habían golpeado como animales. Son unos malditos, no nos vamos a olvidar nunca lo que nos han hecho”, añadió.

Por otro lado, doña María Mayana no recordaba m u c h o , pues le dieron un porrazo en la cabeza. “Querían que me suba a un auto, no sé dónde querían llevarme, yo les dije que no, que no quería irme. Entonces un policía de esos me dijo ‘subí carajo subí’, a lo que me resistí. Yo ya me estaba caminando para otro lado, cuando de la nada sentí que me reventaba la cabeza. Ahí sentí la sangre no más, que caía por un lado de mi oreja”. Contó que luego no pudo caminar bien, que tambaleó y que le subieron a la camioneta. Una hora después la vio un doctor, que le puso algún medicamento para que no se infecte. Luego apareció en Beni, donde estaban otros compañeros de la marcha. “Pensé que nos habían llevado al otro lado del pueblo, pero cuando reaccioné me di cuenta que era Beni, y que varios de los compañeros no estaban, así que me preocupé por mis hermanas de la CIDOB”.

 Otro de los afectados, Javier, un niño de 12 años, recuerda que estaba jugando fútbol en una de las calles, y que los policías miraban. Un momento se escuchó “varias radios con las que se hablaban, toditos se pusieron a hablar y se acercaron entre ellos, eso duró unos cinco minutos. Luego se acercaron dónde estábamos jugando y nos levantaron, nos dijeron que nos iban a llevar a nuestra casa, que la marcha ya había terminado”, luego les subieron a las movilidades que esperaban a unos 200 metros. “Yo fui al primero que agarraron, no me han amarrado como al resto que llegó después de mí, a ellos sí con cinta elástica les han amarrado, a mí, no”, contó Javier.

Daniel García, estaba en una de las carpas al momento que empezó la represión policial. “No me acuerdo bien qué estábamos haciendo, creo que hablábamos de nuestras familias o de las chicas que nos estaban esperando –bromeó – pero ya sentimos los gases y salimos ese rato, porque ya sabíamos que estos policías nos tenían hambre. Yo sabía que cualquier rato podía pasar”, argumentó. Los policías tomaron varios prisioneros en las camionetas; niños y mujeres fueron maniatados para llevarlos a sus lugares de origen, pero aun así, no pudieron parar la marcha. Unos días después, retomaron su caminata, con “más ganas y más fuerza, así somos en mi comunidad” sostuvo.

Las imágenes de los excesos y abusos de los policías durante la represión policial contra los indígenas en Yucumo quedarán en la retina de los ojos de los televidentes, cuando PAT comenzó a difundir las primeras informaciones la tarde del domingo 25 de septiembre. A partir de entonces, la indignación se expandió por todo el país. El Deber de Santa Cruz en su edición del día lunes 26 de septiembre intituló: INDIGNACIÓN.

Represión \\\ escenas de abusos y
excesos de la policía, y daños físicos
en las víctimas.


FERNANDO VARGAS.
PRESIDENTE SUBCENTRAL TIPNIS.
Este gobierno nos sacó la mierda el domingo (25 de septiembre) y sigue todavía impulsando a otros grupos sociales contra la Octava Marcha Indígena. Así, lo único que consigue es el deterioro político del mismo gobierno, el que está promoviendo estos enfrentamientos.


DANIEL GARCÍA.
SECRETARIO JUVENTUDES CIDOB.
Nosotros vamos a continuar hasta el final, vamos a estar como te digo, de ida y vuelta hasta conseguir que se respete nuestros derechos. El gobierno nos acusa, de que nos apoya no sé quiénes, pero aquí ha desaparecido el tema ideológico político, porque se trata de la defensa de derechos.

ROSA CHAO
PRESIDENTA CPITCO
Siempre luchamos por la tierra y el territorio, así que no se haga el gobierno. Ellos dicen consulta previa, pero ya han iniciado el camino por ambos lados del TINIS, así no se puede avanzar al diálogo. Nosotros estamos marchando con represión y todo, ¿que más nos puede hacer este gobierno?, que lo haga, nosotros no vamos a volver con las manos vacías.
 

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