9 de enero de 2012

EDITORIAL


Justicia boliviana en transición

Apartir de enero de 2012, la justicia boliviana enfrenta nuevos desafíos para recuperar la confianza ciudadana y credibilidad institucional, conforme a las reglas fijadas por la Constitución Política del Estado y las leyes del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional Plurinacional.

Bolivia ha experimentado varias reformas judiciales, desde su fundación, especialmente en los años 1976, 1994 y 2001. Los códigos “Banzer” y sus procedimientos reemplazaron a los similares del siglo XIX; la reforma constitucional de 1994- 1995 cambió la imagen de la justicia boliviana, con la creación del Tribunal Constitucional, el Consejo de la Judicatura, la Defensoría del Pueblo y el Ministerio Público.

El control de constitucionalidad de leyes y la tutela judicial efectiva de los derechos y garantías constitucionales, fue la nota saliente del Tribunal Constitucional de Bolivia. Un estudio realizado por el Tribunal Constitucional estableció que el Estado es el mayor vulnerador de los derechos humanos, especialmente, la Policía, los tribunales y las instituciones militares. El 68% de la vulneración de derechos humanos fue atribuido a los jueces, revelando que no eran los garantes naturales de los ciudadanos (as).

Los jueces bolivianos aprendieron a respetar los derechos humanos y las garantías ciudadanas merced al aporte del Tribunal Constitucional. Sin embargo, los esfuerzos del sistema político y judicial no fueron suficientes para superar los problema estructurales de la administración de justicia, tales como: retardación de la justicia, la corrupción, la carga y mora procesal, la injerencia política en el sistema judicial, la excesiva burocratización de trámites y la concentración de la infraestructura en los centros urbanos, entre otros.

Al presente, comienza otra etapa de la reforma judicial, signada por el escepticismo y la esperanza de los ciudadanos(as), cuyos intereses contrapuestos resuelven los tribunales de justicia, a través de la respectiva sentencia pasada en autoridad de cosa juzgada. La Constitución vigente, las leyes del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional Plurinacional, así como la Ley de transición de los órganos judiciales fijan las condiciones básicas para el proceso de implementación, restando solamente los códigos de procedimientos en algunas materias.

La posesión de los magistrados elegidos por voto ciudadano, constituye, por ejemplo un antecedente inédito en el mundo, cuya evaluación objetiva y real demanda necesariamente reformas sustantivas en el orden electoral y procedimientos. El sistema político tiene el deber de rodearle de las garantías necesarias para que el proceso de selección de jueces sea confiable y transparente.

La independencia del Órgano Judicial, legítima aspiración de la sociedad boliviana, no viene como un regalo de Dios o de los legisladores, sino del permanente esfuerzo y personalidad de los operadores de justicia. La elección de magistrados por sufragio universal no debe implicar sometimiento al poder político de turno, porque su mandato proviene de la voluntad ciudadana.

La composición plural de los órganos judiciales representa una oportunidad histórica para mejorar la administración de justicia y sobre todo, para la tutela judicial efectiva de los derechos y garantías. Los cuatro órganos judiciales ya tienen sus presidentes, elegidos en forma democrática e interna, restando solamente la conformación de las respectivas salas.





Simón Iturri Patiño, el barón del estaño
Hilda Goyochea Mérida - Comunicadora Social

Empresario minero boliviano, uno de los grandes barones del estaño y probablemente la figura más destacada en el ámbito de las grandes compañías mineras que dominaron la economía boliviana durante buena parte del siglo XX.

De origen humilde, Simón Patiño comenzó su actividad laboral en 1883 como empleado de una casa comercial en Cochabamba. Años más tarde, en 1894, se trasladó a Oruro para incorporarse a la empresa Germán Ficke y Cía., que se hallaba en aquel monumento en plena expansión. Su interés por la actividad minera despertó en aquellos años y, en 1895, estableció una sociedad con los responsables de la mina La Salvadora.

Este yacimiento, situado en el departamento de Potosí, en el cerro Llallagua, se convirtió en el año 1900 en una de las reservas de estaño más importantes del mundo al descubrirse en su interior una gran veta. Con su habitual visión empresarial, pudo ver que la hora de la fortuna le había llegado: se estableció en Oruro, fundó el banco Mercantil, y durante la primera década del siglo su fortuna creció y hasta límites inimaginables.

Adquirió otras minas de los alrededores, como Cataví-Siglo XX, Uncía y Huanuni, con lo que consolidó el complejo minero más importante del país.

En la década de 1920 la expansión de su poderío económico era imparable: consolidó su fortuna y emprendió la modernización de sus minas, cuyo número e importancia no dejaban de aumentar. En 1924 compró a sus socios chilenos el total de las acciones de la compañía Minera Llallagua, lo que le convirtió en el único propietario del centro minero. De inmediato procedió a funcionar en Estados Unidos sus propiedades de Uncía y Llallagua, y creó Patiño Mines and Enterprises Consolidated Incorporated (PMECI). Hacia 1925 fijó su residencia, alternativa, en París y Nueva York, y sus intereses económicos se transnacionalizaron, fijando la sede legal de su empresa en Estados Unidos.

Fue uno de los socios fundadores de El Diario de La Paz. Proporcionó en 1930 al Gobierno boliviano un empréstito de 326.000 dólares para financiar los gastos del conflicto Bolivia – Paraguay. Adquirió propiedades, empresas y yacimientos mineros en América del Norte, Europa, Asia, África y Oceanía.

En 1912 se instala en Europa con su familia. En 1924 durante una visita a Bolivia, sufre un grave ataque al corazón tras el cual le resultará imposible regresar a Bolivia debido a la gran altitud del país. Sin embargo, apoyó a Bolivia durante la guerra del Chaco y fue un industrial que creó miles de empleos para sus compatriotas. En 1931, erigió la fundación que lleva su nombre con el fin de formar técnicos bolivianos.

En 1939 se marcha de Europa y se estableció en Nueva York. Hacia el final de su vida se afinca en Argentina, para estar más cerca de su país. Muere en Buenos Aires el 20 de abril de 1947.






GESTIÓN NUEVA A ENCARAR
Orlando Caballero M.

Ya tenemos nuevo alcalde, nuevos magistrados, seguramente se renovará también el Comité Cívico. En cuanto a las entidades deportivas, sucederá lo mismo. En fin todo debería renovarse cada año, con la finalidad de empezar el año con nuevos bríos, con mejores ideas, nuevos desafíos, siempre buscando el bienestar de todos los estantes que habitamos esta nuestra ciudad de Quillacollo.

Por otra parte, los que continuarán con sus cargos en actual ejercicio de sus funciones, también deben renovarse espiritualmente, “recargar las baterías”, siempre pensando en hacer un mejor trabajo en la nueva gestión, corrigiendo las fallas que pudimos cometer, con nuevas ideas a base de la experiencia acumulada durante la anterior gestión, siempre pensando en realizar un mejor trabajo y en lo posible hacer un mejor servicio en el entorno en el que nos desenvolvemos.

Este año nos recibió con abundante agua. “Dicen que la lluvias, son bendiciones de Dios”. Pero, cuando no tomamos las previsiones en serio, también sufrimos las consecuencias: Quizá no cambiamos el techo de nuestras casas oportunamente, no tapamos las goteras por las anteriores lluvias, no limpiamos el desagüe de nuestros patios cuando debimos hacerlo, la hierba del jardin se creció, nos olvidamos podar las plantas, etc.

Seguramente este año también nos depara sorpresas, ojalá estas sean llevaderas de fácil solución, esperamos no tener fenómenos naturales que nos afecten mucho. Como siempre el futuro es incierto; pero sabremos afrontarlo uniéndonos, con mucho optimismo, con amor, paciencia y mucha tolerancia.

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